El marica de la clase

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6 de octubre de 2020. Es el mismo día para todo el mundo, aunque entiendo que no todo el mundo está en el mismo punto del espacio tiempo.

Miro unos años atrás, pocos, no demasiados, y me encuentro con un tío que se ha planteado pocas cosas y ha escuchado a poca gente y que, como es de esperar, tiene conductas y comentarios que hoy no me permito y que me cuesta permitir cada vez más a los demás.

Entre esos comportamientos hay unos más interiorizados que otros, hay cosas y cositas. Ninguna hecha desde el odio, sí desde la ignorancia e incluso falta de interés, pero treinta y tantos años viviendo una sociedad misógina, cuírfoba y patriarcal dejan mella. Y esa sociedad se ve reflejada y reforzada en cada casa todos los días, basta encender la tele.

Me gusta ver Masterchef. Es un formato de reality que me gusta, a pesar de las horas, de la duración, de tener un jurado cuestionable por formas y fondo y un casting muy alineado con las últimas ediciones de realities con celebrities. Me gusta, y mucho. Los martes son noche de cenita rica, de copita(s) de vino y de sofá y mantita.

Esta edición cuenta con Josie, estilista y experto en moda que ya participó en alguna edición (si no en todas, no lo recuerdo) de Supermodelo. Josie se aleja del estereotipo de masculinidad. En él se cruzan varias disidencias: no es heterosexual, no encaja en la masculinidad hegemónica y tampoco en el canon de belleza masculina. Josie es el «marica de la clase» de esta edición. Masterchef es ese programa que ha malentendido la diversidad y la representación y que se cree que con marcar la casilla de «no heterosexual» cumple con las necesidades de representación y visibilidad necesarias para quien no encaja en la heteronorma.

Hemos tenido a Fernando Tejero y María del Monte (1ª ed.), a Bibiana Fernández, Anabel Alonso y Pepón Nieto (2ªed.), a Boris Izaguirre (3ª y 4ª ed.), a Juan Avellaneda (4ªed.) y a Josie en esta 5ª. Probablemente me deje a alguien, pero ser maricón no me convierte en la elegebetépedia, lo siento.

Cualquiera diría que las personas LGBT deberíamos estar contentas con una representación así, pero la cuestión es que todo «marica de clase» tiene un némesis, ese niñato que tampoco acaba de encajar en la heteronorma de ejemplar de macho ibérico, ya sea por feo, por calvo o por gordo que encuentra su lugar haciendo mofa del que considera menos hombre que él. Y lo hace porque encuentra la complicidad del resto, porque consigue ocupar la vacante del «payaso de la clase», mejor aceptada y asimilada que quien cuestiona esa heteronorma. Y ese némesis, ese bully, ese payaso de la clase, también tiene representación. Abrumadora y ruidosa, jaleada, cacareada, aplaudida. Ha pasado en varias ediciones, pero esta nos está reflejando más esa realidad visible en cualquier instituto que esa diversidad que necesita visibilización en espacios públicos. Esta edición es una clase de 2º de la E.S.O.

Hemos aguantado chistes de mariquitas de Santiago Segura, del Sevilla y de Flo, no en Masterchef sino en absolutamente todos los programas en los que han aparecido. De un modo u otro esos chistes están ahí, y esta vez viene de la mano de un personaje que nació hace 25 años y que ahí se ha quedado, clavado.

Florentino Fernández pegó pelotazo en el Mississippi, muy en boca de todos de nuevo gracias a Veneno, con ese personaje calvo con cortinilla, de camisa rosa, con chaleco estampado y gafas de pasta, Crispín Klander, que la wikipedia define así: El personaje estaba basado en el humorista español Chiquito de la Calzada, pero en tono gay, y casi transexual. En varias ocasiones se autodenominó asexual.

Cuando alguien sepa qué significa «tono gay, y casi transexual» por favor, que me envíe un mensaje explicándomelo.

Esto pasó a mediados de los 90. El 6 de octubre de 2020 sigue pasando. Esta vez no es Crispín, es un personaje exactamente igual que se llama Flosie, y que se performa continuamente delante de Josie, con el jaleo, las risas y aplausos de todos y cada uno de los participantes, jueces y concursantes incluidos. Sin maldad, total, es un personaje «en tono gay» que simplemente se llama como «el marica de la clase».

Josie se cruza de brazos a veces, fuerza una sonrisa, se pone el impermeable transparente e intenta performar una indiferencia no agresiva, no dolida, una postura imposible de mantener en el tiempo y en el espacio sin que te haga polvo. Una postura en la que no puedes mostrarte dolido, ni enfadado, en la que tienes que fingir que te hace gracia y que se ríen contigo y no de ti. Esa postura en la que hemos y seguimos estando todas las personas que no encajamos en la heteronorma, especialmente aquellas que más se alejan. Esa postura que no deberíamos tener que fingir con casi 40 años.

Da igual si se trata de burlas o de parodias. Ayer mismo, Jordi Cruz Mas, juez del concurso y empresario que ha tenido algún que otro problemilla con sindicatos e inspección de trabajo por tener a sus aprendices sin contrato («si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable», dijo) se permitió ataviarse con un pijama estampado del estilo del que llevaba Josie e imitarlo o lo que él pensó que era imitarlo, que se redujo a impostar pluma y hacer aspavientos. De nuevo, en la televisión pública, en un programa familiar, y con los aplausos, risas y jaleos del resto de jueces y concursantes. De todos menos de Josie, que como todes nosostres, volvió a tener 12 años e intentó no ser cómplice, no enfadarse, no dolerse, no romperse. Josie que, como todes nosotres, se repetiría como un mantra «se ríen conmigo, no de mí, se ríen conmigo, no de mí». Josie, que como todes nosotres también ha sido «el marica de la clase».

El 6 de octubre de 2020, un día después de que se conociese la noticia (desgraciadamente nada excepcional) del asesinato social que llevó a una niña de 17 años a suicidarse tras haber sido objeto de mofa, burla y acoso en DOS CENTROS distintos. En dos. Por comportamientos como el que vimos anoche. Por comportamientos que llevamos viendo, viviendo y reproduciendo desde que tenemos memoria. Por comportamientos lamentables que normalizan el acoso y la burla.

No es esa la visibilidad y representación necesaria.

No seáis cómplices de esos corrillos de recreo.

Dejad en paz al marica de la clase. Estamos en 2020.

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